En
nuestro mundo racional, es posible identificar una cosa cualquiera que perciben
nuestros sentidos, a la que pondremos el nombre A. Y decimos, A existe porque está
representada por la cosa que recibió ese nombre.
Entonces,
racionalmente aceptamos que A no puede no existir, porque está representada en
acto por la cosa, luego, la negación de A que llamaremos no A, no existe en
base a nuestra lógica racional.
Ahora
haremos un ejercicio de abstracción, a través del cual nos desentendemos
conscientemente de la cosa llamada A, para operar solamente con su representación,
que es la letra A.
A
continuación, sometemos a esta A, a un proceso de irracionalidad que está
representado por la raíz cuadrada de A. Operando, en base a nuestro común conocimiento
de las matemáticas, obtenemos un resultado que es:
+ o - Raiz (A)
Que,
se lee + o – raíz cuadrada de A, implicando este un resultado no
contradictorio, lo que indica que Raiz (A) puede determinarse con cualquiera de los dos signos.
Hemos ingresado así a un campo no racional que en
matemáticas se define como irracional, que significa lo mismo, pero donde A está
representado por algo diferente de A y de manera no contradictoria, por ser
independientes los signos. La conexión entre A y su representación,
Apliquemos ahora la conocida regla de los signos:
1ª regla: más por mas es = más:
+Raiz(A)
*
(+(Raiz(A) = +A
+Raiz(A)
2ª
regla: menos por menos es = más:
-Raiz(A)
* (-Raiz(A))
= +A
-Raiz(A)
3ª regla: más por menos es = menos:
+Raiz(A) * (-Raiz(A))
= -A
+Raiz(A)
Se
observa que con las dos primeras reglas hemos retornado al campo racional,
obteniendo el A inicial positivo. Lo que indicaría que para
nuestros sentidos no habría contradicción sobre la existencia de +A.
Con
la 3ª regla, en cambio, obtenemos la negación de A, (-A), que inicialmente
habíamos considerado imposible desde un punto de vista racional.
Sabemos que las tres reglas aplicadas son inamovibles y
absolutamente necesarias en las operaciones matemáticas, por lo que la
operación efectuada y el resultado obtenido con la aplicación de la 3ª regla es
correcto. Esto nos conduce a afirmar que la negación de algo concreto, tiene
existencia real, dado que matemáticamente es posible. Pero la negación de algo,
definido positivamente, es el complemento de ese algo, lo que agregado a la
cosa de que se trata, la completa como un todo, y sin la cual no podría
existir, ya que, desde un punto de vista lógico, nada existe de manera aislada
y mucho menos aislado de su complemento. Y el
complemento de algo no puede ser cualquier cosa sino algo que comparta la
esencia de ese algo, pero con un signo complementario.
En
consecuencia, la cosa que A representa, posee un complemento realmente
existente que lo completa, que es -A. Es decir que en general todas las cosas concretas poseerían
algo que las complementa para completarse.
Ahora
bien, es obvio que no podemos percibir con nuestros sentidos a los complementos
de las cosas concretas, como por supuesto tampoco al complemento de nuestro
cuerpo. No obstante, desde esta lógica irracional deben existir, al menos en
forma abstracta, porque matemáticamente se confirma su existencia.
¿Qué
es lo que debimos hacer para reencontrarnos con +A partiendo del campo irracional?
Debimos operar de manera no contradictoria a través de las reglas 1ª y 2ª, lo
que nos sugiere que las cosas concretas surgirían de manera no contradictoria,
que es el fundamento de nuestra racionalidad, lo que nos confirmarìa el hecho
de que un mundo racional carece de contradicción.
En
cambio, la regla 3ª nos dice que, para conectar con el complemento abstracto de
algo concreto, es necesario operar contradictoriamente con nuestra mente. Esa
conexión sólo puede ser con nuestra conciencia, ya que nuestros sentidos
perciben solamente cosas concretas.
Pero,
¿Por qué razón sólo es posible una manera contradictoria de conexión con el
complemento? Veamos, si operamos irracionalmente con -A, tendríamos el
siguiente resultado:
+ y - Raiz(A)
Que
es un resultado indeterminado, por ser contradictorio, al no ser independientes
los signos, por la necesidad de simultaneidad
de los signos, lo que
implica que el complemento de A, -A, no puede determinarse por sí mismo en el
campo irracional, requiere el avance de un operador consciente que opere
simultáneamente con los aspectos opuestos de esa contradicción, para que sea
percibido en el campo irracional, lo que no pueden hacer nuestros sentidos.
De
manera que la indeterminación de Raiz(-A) en el campo irracional impide que -A sea
“visto” desde ese campo como un aspecto perteneciente a Raiz (A).
Por
lo expuesto, para el hecho Raiz(A), que es el hecho representativo de los aspectos complementarios +A y -A, en la conciencia, sólo es posible percibir +A directamente,
sin contradicción, pero no se puede percibir -A directamente, ya que se requiere actuar
contradictoriamente con Raiz(A).
Así
observamos que el nivel de Raiz(A) representaría al observador consciente, que
puede percibir directamente hechos concretos representados por +A, sin
contradicción, como es la función de nuestros sentidos, pero los complementos
de esos hechos, representados por -A, son inconscientes de manera directa, por
lo que se requiere el trabajo contradictorio para alcanzar su percepción
consciente.
De
lo manifestado deducimos que toda conciencia actuaría en un nivel irracional,
el que es equivalente al ámbito psicológico.
Otra
deducción importante, ya insinuada, es que todos los hechos concretos poseerían
complementos abstractos reales (por lo inconscientes), a los que se puede
acceder por una vía contradictoria de la conciencia. El ejemplo cabal en este sentido es el descubrimiento de la
antimateria, que se realizó de manera abstracta con una deducción
contradictoria consciente, hace 90 años.[1]
NOTA: Este artìculo tiene como antecedente el titulado "La lògica de la raiz cuadrada", aquì publicado.
