miércoles, 2 de marzo de 2016

LO TANGIBLE Y LO INTANGIBLE EN LA MATERIA



En el recorrido hecho por la ciencia desde lo macro hacia lo micro en la composición de la materia, se ha encontrado con dos premisas irreductibles: la dualidad partícula – onda, y el principio de incertidumbre o indeterminación, tanto de la posición de la partícula como de su velocidad. No está demás decir que en los niveles profundos de investigación de la materia, el científico no puede ya usar sus sentidos para ver y discriminar lo que encuentre sino que debe usar su mente a través del lenguaje matemático, e instrumentos.

Hagamos un breve análisis de estos temas, teniendo en cuenta la tendencia cada vez más matemática de nuestras percepciones:
-Dualidad partícula – onda: El análisis de la materia comenzó con la experiencia de los sentidos y el entendimiento de nuestra mente, aplicados simultáneamente. Esto permitió alcanzar altos niveles de profundidad en la investigación, como suele suceder con el empleo de sistemas complementarios.
Alcanzado el límite máximo de aplicación de los sentidos, la mente del científico continúa con su complemento esencial: la matemática. Observemos aquí que se puede hacer una analogía  objetiva: si llamamos materia a los componentes de la misma, por influencia de la percepción sensorial mientras esta rige la experiencia, tendríamos que llamarlos inmateriales una vez que los sentidos son reemplazados por la matemática, porque esta es intangible.
Lo que nos conduciría a pensar que tal vez la partícula, en la dualidad partícula – onda, no se correspondería con un minúsculo objeto material, sino con un objeto puramente matemático: un número. Y de hecho lo es. Tal número es la importante constante de Planck, que ha revolucionado la Física a comienzos del siglo pasado, y que posee unidades de medida que le asignan el carácter de Acción.
Ahora bien, cualquier objeto material, como por ejemplo la cuerda de una guitarra, es un objeto cuya vibración produce una acción, o es producto de una acción, pero el número del que estamos hablando es acción pura, es la acción misma. De lo que se deduciría que cuando hablamos de dualidad partícula – onda, esa partícula, conceptualmente sería un número, el cual ya se conoce como constante de Planck. (y es igual a 6,627e-27)
Aceptada en principio esta posición, resta evaluar de qué manera un número puede dar lugar a una onda, como aspecto complementario, el que nos conduciría a entender mejor que ambos aspectos constituyen una acción, porque comúnmente aceptamos intuitivamente que una onda lo es.
La constante de Planck es un número muchísimo menor que la unidad, por lo tanto es una pequeña fracción de esta, de forma que consiste en la unidad dividida por un número entero  muy grande (del orden de 27 cifras).
Aquí no vamos a experimentar con un número tan grande, porque no es necesario. Tomaremos solamente un número de tres cifras, y por el principio de correspondencia trasladaremos el resultado como válido para la constante de Planck.
Operando con el número 321 como divisor de la unidad, se obtienen, aplicando la regla de la división, dos columnas, una de restos a la izquierda y otra de cifras del resultado a la derecha.
Estas secuencias numéricas representan ciclos que se repiten con un período determinado, que en este caso es 53.

Si tomamos estos ciclos  tal como son producidos por la operación, y en ese orden representamos gráficamente la relación entre abscisas (restos) y ordenadas (decimales), se obtiene el gráfico de la derecha, que resulta sumamente confuso, como si fuera el dibujo de un niño pequeño.

Pero si ordenamos de manera ascendente o descendente ambas columnas se obtiene el siguiente gráfico que corresponde a una onda por sus alternancias. 


Se puede decir de este gráfico que contiene algo significativo. Si ese significado representa una acción, habremos logrado unificar los aspectos partícula (número) y onda en un solo concepto real que actúa permanentemente, porque todo número es algo permanente, sino, no podríamos operar con ellos. Pero parece además  claro que es la operación del algoritmo la que produce la onda. Ahora, si esta dependiera para producir algún efecto real, de nuestra mente, las cosas reales se derrumbarían  cuando nuestra mente pase a otra actividad. Por lo tanto dicha operación debería depender de una mente con carácter universal, permanentemente actuando.

-Principio de indeterminación: En el supuesto de que en el análisis profundo de la materia, estuvieramos tratando con operaciones numéricas o funciones en el caso de que aquellas sean variables, deberíamos acudir a nuestro conocimiento matemático para encontrar alguna similitud con el concepto de indeterminación. El único que en la historia se asemeja a este, surge de la raíz cuadrada de un número negativo, la que se ha caracterizado como imposible inicialmente pero que ha dado frutos en toda la Física actuando como número imaginario, componente del gran campo de los números complejos.
En un artículo publicado en este Blog y titulado “La lógica de la raíz cuadrada”, se ha tratado este tema y se ha aceptado con fundamentos, que la raíz de un negativo es un número real pero indeterminado en signo, no obstante es posible operar con este pero conservando la indeterminación en signo, lo que produce incertidumbre en el operador.
Mientras que la raíz de un número positivo posee dos signos opuestos opcionales, con lo cual el operador, optando por uno de ellos, lo determina en su conciencia, pero “pierde de vista” al otro. Esto consiste en la analogía cabal del principio referido: mientras se consideran ambos elementos complementarios simultáneamente, debe aceptarse un grado de incertidumbre, pero si la conciencia opta por uno de ellos, este aparece determinado exactamente, pero el otro se pierde.
Así, parecería que las analogías numéricas con la realidad física fueran más que analogías.
El encuentro entre dos personalidades científicas  importantes a mediados del siglo pasado, avalaría este parecer. Son estas el físico cuántico Wolfgang Pauli y el investigador en psicología Carl Jung, quienes tratando el fenómeno de la sincronicidad en los hechos, llegaron al siguiente intercambio[1]:
Pauli: “una vez que la materia se ha convertido también para los físicos modernos en una realidad invisible y abstracta, las perspectivas de un monismo psico-físico son mucho más ventajosas”. “el arquetipo del número es el que posibilita en última instancia la aplicación de la matemática a la Física”.
Jung: “al menos visto desde el lado psicológico, el dominio fronterizo entre la física y la psicología que buscamos se encuentra en el misterio del número, pues tanto la psique como la materia son ambas, en cuanto matriz, en y por sí, una X, es decir, una incógnita trascendental, de ahí que no puedan separarse conceptualmente; esto es son prácticamente idénticas y sólo diferentes en segunda instancia como aspectos diferentes del ser.”
“No sé todavía como salir de esta jungla, pero tengo el sentimiento de que el origen del enigma podría encontrarse en las propiedades extrañas de los números enteros. ¡El viejo principio pitagórico!”


[1] De la Introducción al libro: “La dinámica de lo inconsciente”- Carl Jung.